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Lewis Carroll

24 marzo, 2016 - Biografías

    “…El reverendo Charles Lutwidge Dodgson fue un matemático mediocre; enseñó en Oxford durante veintisiete años, sin brillar excepcionalmente, ni producir nada digno de perdurar en su disciplina. No reclamó para sí mismo el recuerdo de los hombres, pero creó, en cambio, un alter ego inmortal. No necesito elogiar los famosos escritos de Lewis Carroll, pero quisiera señalar que el amor de Dodgson por las matemáticas y su preocupación por algunos de sus conceptos están íntimamente relacionados con la forma que dio a sus fantasías. Esto se advierte especialmente en “A través del espejo”, cuyas fantásticas inversiones anticipan algunos de los más revolucionarios descubrimientos de las matemáticas y de la física del siglo XX. Los escritores modernos no han ignorado el carácter profético de esas curiosas historias. Lo mismo en obras especializadas que en las de divulgación, los científicos han demostrado haber aprendido mucho de la sabiduría de los notables filósofos que desfilan por los libros de Carroll: la Reina de Corazones, Humpty-Dumpty, el Caballero Blanco, Tweedledum y Tweedledee.

Nació en Daresbury en 1832, primer varón y tercer hijo de una familia de once hermanos, todos ellos tartamudos. Su padre era un clérigo acomodado que ascendió a archidiácono. De niño, Dodgson demostró una “pintoresca precocidad” que incluía una prematura preocupación por el significado de los logaritmos, una gran afición por las marionetas y los espectáculos mágicos y la habilidad para inventar jeroglíficos matemáticos. Igual que otros niños, tenía sus animales favoritos, caracoles y ranas, pero en una perversa y original innovación, intentó hacer pelear dos gusanos. Con este propósito, se dice que los equipó con armas apropiadas, pero sus intentos fracasaron. Después de una temprana educación familiar, durante la que su padre le inculcó el interés por las matemáticas y la teología, fue a un colegio privado en Richmond y luego a Rugby. Fue un buen estudiante, excepcional en matemáticas y aceptable en disciplinas clásicas. Pero como era un “tipo raro”, no fue feliz en Rugby. Más tarde escribiría, “no se si ninguna consideración humana podría inducirme a pasar de nuevo por estos tres años”. Se refugió en su trabajo literario y empezó a escribir para distintas revistas. Una de ellas contiene curiosos artículos sobre rompecabezas matemáticos de diversos tipos incluyendo uno de sus ensayos más controvertidos llamado “Un problema Hemisférico o ¿Dónde cambia el día de nombre?. Este era un problema real. El día cambia su nombre en la línea internacional de cambio de fecha, pero esta demarcación no fue inventada hasta 25 años más tarde que el problema empezara a preocupar a Dodgson. Siempre estuvo obsesionado por el tiempo, y alguno de los maravillosos y desconcertantes efectos de sus últimas obras están conseguidos por el modo como lo maneja.

En enero de 1851 entró en el Christ Church College de Oxford. Estuvo en él 47 años, hasta su muerte. Pasó todos sus exámenes con distinciones; entró a formar parte del personal docente del College y en 1861 fue ordenado diácono de la Iglesia de Inglaterra. No llegó nunca a ordenarse sacerdote y su misma ordenación de diácono fue precedida por largos años de autoexamen y de recelos. Su tartamudez y sus dudas doctrinales no fueron los únicos obstáculos que le impidieron entrar al sacerdocio. Su profesión de matemático le gustaba, aún cuando no destacase extraordinariamente como tal; y, además, se resistía a someterse a ciertas reglas impuestas por la costumbre a los que se ordenaban sacerdotes. Por ejemplo, no hubiera podido asistir al teatro y estaba decidido a no abandonar este inocente entretenimiento.

Se ha sugerido, también, que tras esta negativa de Dodgson a ordenarse, podía ocultarse el deseo, ignorado incluso por él mismo, de casarse. Sospecho que ésta es la clase de asuntos a los que son aficionados los biógrafos interpretativos; pero lo cierto es que en este caso no existe evidencia alguna que lo justifique…

En la vida “semiclaustral, refinada y excéntrica” de Dodgson hubieron pocos cambios, a parte de un viaje de seis semanas por el continente (1867), en el curso del cual visitó Rusia. Fue estudiante durante toda su vida y profesor durante 27 años. Escribió diversas cartas en periódicos sobre cuestiones públicas y participó en muchas de las controversias de Oxford. Era “extraordinariamente meticuloso” y bastante aburrido como profesor…

En sus lecciones a los niños utilizaba un sistema de diapositivas de su invención, construyó un Humpty Dumpty mecánico, reunió una biblioteca de 5000 volúmenes, compró un esqueleto para estudiar anatomía, instaló termometros y estufas de gas en sus habitaciones porque sentía horror a las corrientes de aire; usaba cinco tamaños de papel para escribir, mantenía una prodigiosa correspondencia que tenía catalogada y llegó a ser uno de los mejores fotógrafos de su tiempo.
Solía remar en el río Isis con las hijas del decano de la Iglesia de Cristo, las niñas Liddell, una de las cuales era precisamente Alicia . Ellas solían visitarlo para que las fotografiase o para comer con él.
“Alicia en el país de las maravillas” se publicó en 1865, “A través del espejo” siete años más tarde. Ambos tuvieron un gran éxito; dieron fama a Dodgson, lo cual le complació, y a la vez le hicieron objeto de la atención y de la curiosidad pública, lo que le aterró.. Le proporcionaron también una modesta fortuna que usó a su manera, prestando a amigos necesitados, haciendo donativos a hospitales y otras entidades benéficas, regalando relojes de oro a jóvenes “sobrinos y sobrinas” y atendiendo a la diversión e incluso a la educación de la numerosa tribu de niños a los que adoraba.

El hecho de que Dodgson no llegase nunca a ser un serio candidato para el matrimonio, no debe inducirnos a creer que fuese incapaz de amar. No amaba, es verdad, a los adultos, o cuando menos no lo demostraba. Pero con los niños y niñas era espontáneo y afectuoso, las invitaba a reuniones, jugaba incansablemente con ellas e inventaba para distraerlas historias y rompecabezas. Creo que algo hay de verdad en la suposición de que a su nivel más profundo, sus dos libros principales son alegorías en las que están fundidos dos temas: su inexpresado amor por Alicia Liddell y la atracción que sentía por los misterios matemáticos relacionados con el tiempo.

Alicia creció, se casó: su amistad con ella se acabó y también su inspiración. No obstante, varias obras más (matemáticas, literarias y de imaginación) salieron aún de su pluma…

A medida que fue entrando en años, se hizo más suceptible, más intolerante y difícil. Fue evadiéndose cada vez más del mundo real a otro imaginario de juegos, rompecabezas y paradojas lógicas. Imaginaba sin cesar sistemas para mejorar cosas como “los torneos de tenis sobre hierba”. Como padecía de insomnio crónico y su salud era excelente, tenía tiempo sobrado para llevar hasta sus últimas y absurdas consecuencias cualquier inofensiva fantasía.

Tenía el hábito de trabajar durante toda la noche en su escritorio; también trabajaba en la cama sin luz, con ayuda de un instrumento de su propia invención llamado nictógrafo, que mantenía la escritura recta y la pluma sobre el papel.

El 6 de enero de 1898 contrajo una infección de vías respiratorias y murió ocho días después.

En una carta dirigida a un amigo, Dodgson escribió:
las palabras tienen más sentido del que nosotros les damos al usarlas; por consiguiente, un libro entero debe significar mucho más de lo que su autor cree
Ninguna opinión tan profunda como ésta, para enjuiciar sus propias y extrañas obras maestras…”

Esta biografía está publicada en:
James R. Newman. “Lewis Carroll” en SIGMA. El mundo de las matemáticas. Ed Grijalbo. 1994. pp. 333-337

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Ideas:

Descubrir algún orden en la progresión de los números primos es un misterio que el espíritu humano no penetrará nunca

(Leonhard Euler)

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